Page 5 - la fuente del ángel
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Carlota, desde la distancia, dirigió una mirada al panel
que informaba del tiempo aproximado de espera y
comprobó con resignación que la llegada de su autobús, el
«45», iba a demorarse todavía unos seis minutos.
Sacó el móvil de su bolso y con mucha pericia movió sus
dedos por la pequeña pantalla para mirar si había recibido
nuevos mensajes WhatsApp, sin dejar de sostener el
paraguas y procurando que no se le mojara el móvil.
De repente y tal como ella había previsto, las luces de las
farolas se activaron de forma automática y comenzaron a
crecer en intensidad de forma muy lenta y progresiva.
—Estas luces casi no alumbran —pensó—. La realidad
es que su función es mucho más decorativa que efectiva —
añadió ella mientras observaba que la marquesina se había
aligerado de personal con el paso del «19» y ya le permitía
situarse bajo su protección.
El autobús que esperaba no tardó en llegar. Carlota subió
y saludó cortésmente al conductor. Este le correspondió con
un ligero gesto de asentimiento de la cabeza, pero sin que
su boca llegara a pronunciar palabra alguna.
No encontró ningún asiento libre y ella siguió avanzando
hasta la pequeña zona que estaba situada frente a la última
puerta de salida del autobús, aquella que se encontraba más
lejana del conductor.
Ella sabía, por la experiencia acumulada durante los
cuatro años largos que llevaba realizando ese mismo
trayecto con el «45», que esa era la posición que le iba a

