Page 11 - la cava del tiempo
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Capítulo 28.
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—La primera vez que nuestras miradas se cruzaron
verdaderamente no fue en la fuente sino en el restaurante de
La Rambla, cuando yo traté de leer aquel escrito de frases
incompletas que tú me entregaste.
—Recuerdo aquellos ojos sorprendidos y llorosos —
dijo él.
—Pues, yo no sé muy bien si atribuirlo a la humedad
de mis lágrimas, pero yo pude ver en los tuyos la
inmensidad del océano y deseé sumergirme en él.
—Y el primer contacto físico. ¿Lo recuerdas?
—El primero fue muy leve, recuerdo un par de caricias
con el dorso de tu mano izquierda en mi mejilla derecha,
pero fueron tan leves que no lograron derrumbar mis muros
de protección. Sin embargo, pocos minutos después,
cuando me desvelaste el verdadero motivo de haber venido
a encontrarte conmigo, y, yo me puse a temblar, tú me
cogiste ambas manos. En aquel momento tuve consciencia
de mi rendición total, a aquellas manos que acunaban las
mías, y, supe que el suave contacto de ellas era todo lo que
yo había estado pidiendo, esperando y deseando desde el
primer día de mi vida. Después, cuando ascendimos

