Page 9 - la cava del tiempo
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—Recuerdo perfectamente que cuando era pequeño,
Eudaldo tenía un cabello muy rizado y tú te esforzabas en
peinarlo inútilmente, cada vez que lo tenías a tu abasto,
hasta que él conseguía liberarse de ti y volvía a correr como
un poseso para jugar a si juego favorito.
—Que era el escondite —añadió Carlota mientras
caminaba con los ojos anegados de lágrimas hacia su
marido.
Detrás suyo habían quedado los dos vasos de leche
sobre la encimera del microondas. Mientras se acercaba a
su marido, ella sintió como el resto de sus líneas amarillas
se activaban por completo. En un par de segundos pudo
repasar toda la vida de Constanza y de Amalric. Cuando
llegó donde él se encontraba, vio que él también estaba
llorando.
—¿Lloras de felicidad? —le preguntó ella.
—Lloro de vergüenza y de pena por lo que hice. Y
también lloro porque recuerdo todo lo que no tengo derecho
a recordar.
—Ven conmigo. Ya desayunaremos después —le dijo
ella cogiéndole las manos y conduciéndolo hasta el sofá del
salón comedor.
—No sé por qué puedo recordarlo todo, cuando sé que
no debería hacerlo —insistió él mientras caminaba.
—Tú siempre me has dicho y has defendido con
mucha convicción que hay una razón para todo. Ahora

