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Capítulo 20.
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Tras comprobar que todas las pautas estaban bajo
control, Eulalia se sentó en la silla donde se sentaba siempre
la madre de Ramón para estar más cerca de su hijo, y le
empezó a acariciar muy suavemente la mano que él tenía
libre.
Ramón notó el contacto y tuvo la impresión de ir
cabalgando un caballo desbocado. Eulalia miró al monitor
que reflejaba las pulsaciones por minuto de Ramón y vio
que habían aumentado hasta 110, cuando segundos antes,
eran sólo de 74.
El doctor Granell también se dio cuenta y bajó
rápidamente hacia la «307». Por el pasillo interno de la
tercera planta se cruzó con Mercedes.
—¿Ya? —preguntó ella.
—Le han subido las pulsaciones hasta 110 —respondió
el doctor sin dejar de andar.

