Page 11 - la oscuridad del parque
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propia —respondió el letrado causando una sorpresa
monumental en su secretaria.
—Menos mal que usted lo ve de esta forma. Yo ya estaba
sufriendo.
—Este becario vale su peso en oro de veinticuatro
quilates, Susanna. Cuando acabe la carrera, será un abogado
muy difícil de vencer. Yo siempre le querré tener de mi lado
—dejó muy claro, el letrado Morenés.
—Un momento. Acabo de recibir otro mensaje.
—¿Qué dice ahora?
—Se lo leo textualmente —avanzó la secretaria—. «Ya
está colocado el tercer GPS. Ya les tengo a todos
localizados en la pantalla de seguimiento. De momento,
todos están descansando en el nido, quiero decir en el
garaje». ¿Cómo habrá conseguido entrar en el garaje? —
añadió Susanna.
—Mejor no saberlo —respondió el letrado.
A unos tres kilómetros en línea recta y en dirección al
Tibidabo, Aleix se había encerrado en su habitación. Su
cabeza no dejaba de dar vueltas a la lista que le había
solicitado el subinspector Brunet. Amparado en el silencio
y la soledad de su habitación, comenzó a identificar los
candidatos que cumplían las premisas indicadas por los dos
policías que habían hablado con él.

