Page 12 - el quinto espejo
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rebeldía y de indignación. Pero aquella noche las
circunstancias, mis circunstancias, eran otras muy
distintas. Condené y maldije el atentado por las horas
preciosas que me había hecho perder y reconozco que
también me alegré del pobre y escaso resultado que
había logrado el intento de sabotaje, ya que su éxito
me hubiera retrasado todavía más.
—¡Dios mío, abuela! —exclamó Carol—.
Demostraste tener unas agallas bien plantadas para
hacer lo que hiciste.
—No fue nada de eso. Sólo fue un acto de amor y
por amor. Quizás creas que yo necesitaba demostrarme
algo a mí misma pero no fue así. Lo hice por él. Ya te
dije en Perpignan que yo le conocía muy bien y que yo
sabía que él no me había abandonado. También sabía
que él me iba a estar esperando y ésa fue la razón para
que yo no dudara ni un segundo en decidir acudir a su
lado.
—¿Lograste encontrarle? ¿Pudiste hablar con él?
—preguntó Carol, ansiosa de respuestas.
—Te lo contaré todo a su debido tiempo. Yo
también he sido joven y sé perfectamente que la
juventud es impulsiva y que también, muy a menudo,
es un poco irreflexiva. Ésa es la razón por la que los
jóvenes pueden y son capaces de aprender tanto y tan
rápido.
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