Page 6 - la génesis de los dioses menores
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Estaba enfadada y molesta y por eso decidió castigar a

                  la concurrencia. Se colocó un broche que minimizaba su
                  escote y entró.


                         Se propuso no realizar ninguna sonrisa mientras servía

                  el café y lo cumplió. No hizo caso de nada y de nadie y salió
                  por donde había entrado, apenas tres minutos después de

                  haberlo hecho.


                         Los miembros del Consejo no habían interrumpido sus

                  discusiones al contrario de lo que había previsto Mullhouse.
                  Pero  ella  no  les  había  prestado  ninguna  atención.  Ahora

                  mismo estaba sentada en su mesa y no recordaba nada de lo

                  que aquellos fantoches habían pronunciado en su presencia.
                  Bueno, exactamente no era del todo así. Un nombre se le

                  había quedado grabado por lo raro que le había parecido.
                  Aquellos hombres lo habían pronunciado hasta la saciedad.

                  Ella, sin embargo, estaba segura de no haberlo oído nunca

                  antes.


                         Puso en marcha el ordenador y se conectó a la red. No
                  tenía nada que hacer. Su misión era esperar hasta que la

                  avisaran de nuevo. Esta vez, ni siquiera le estaba permitido
                  tomar iniciativas. No estaba dispuesta a aburrirse sin hacer

                  nada. Entró en su buscador preferido y tecleó la palabra que

                  tanto había oído repetir, ‘Asclepio’.


                         En menos de medio segundo, la pantalla se le llenó de
                  referencias a la palabra buscada. Ella eligió el enlace de una

                  prestigiosa y reconocida enciclopedia digital y pudo leer lo

                  siguiente:
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