Page 8 - reencuentro
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Lo abro ayudada por el punto de lectura. De nuevo
aparecen ante mí, las letras con la caligrafía cuidada y
caprichosa que las define.
Justo antes de comenzar a leer, siento una extraña
sensación. Me noto que no estoy a gusto. Hay demasiada luz.
Me levanto y voy en busca de una lámpara de mesa. La
conecto, la enciendo y apago la luz principal del comedor.
Ahora sí. Ahora tengo la atmósfera adecuada. La intimidad
ha vuelto a mi entorno y reemprendo la lectura allí donde
ayer la dejé.
26 de junio de 1870
Mi hijo Joaquín ha nacido. Es un buen presagio que lo haya
hecho tan solo un día después de que la reina Isabel II haya
abdicado del trono. Ha nacido con la deseada libertad que todo
este país espera. El niño está sano y casi no llora.
Carlota, mi esposa, también está bien. Ha sufrido mucho con el
parto pero ella ya sabía que este es el primero y el último al que
habrá tenido y tendrá que enfrentarse en su vida. He decidido
que solo voy a tener un hijo. No quiero dividir todo el resultado
de mi esfuerzo. No quiero niñas que después traigan a casa
zánganos que se crean con derecho a que sus hijos sean lo mismo
que el hijo de mi hijo. Esos nietos no iban a llevar nuestro
apellido y por lo tanto no quiero tenerlos.
03 de enero de 1871
Este país parece no tener remedio. Nuestros políticos han
decidido que traguemos con la infamia de tener un rey de origen
italiano. Amadeo de Saboya es una mala solución. No
necesitamos ningún rey.

