Page 9 - el murmullo de las aguas bravas
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El cuarto sicario no estaba y hacía tiempo que no
sabía dónde estaba Sebastien. Comenzó a temer la
posibilidad de que su hermano hubiera recibido visitas
no deseadas. Servan le había recomendado que se
mantuviese alerta y que no bajase la guardia en ningún
momento. Ahora esperaba que no le hubieran cogido
desprevenido. La preocupación le fue en aumento
cuando se percató que Gaston se había colocado en la
puerta bloqueando el paso y que le anulaba cualquier
tentativa de salida.
Estaba tratando de evaluar la complicada
situación cuando de repente oyó los gritos y balbuceos
de Sebastien. No se entendía nada de lo que decía. El
ahogo de su respiración y su propia incapacidad de
hablar con fluidez, hacían que todo lo que salía por su
boca fuera imposible de comprender.
—¡Están los dos muertos! —fue lo primero que
se le entendió.
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