Page 11 - el perfume del azahar
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Quesada  y  Palacios  se  miraron  y  se  encogieron  de

                  hombros.


                      Diego  miró  a  su  reloj.  Habían  pasado  tres  minutos  y

                  medio desde que Eliana se había colado en el aseo de las
                  féminas. Se levantó y se dirigió hacia el objetivo indicado.

                  Al llegar, se paró frente a la puerta. Volvió a consultar su

                  reloj  y  después  de  mirar  a  ambos  lados  la  empujó  con
                  decisión.


                      Su presencia en el interior del aseo de señoras provocó

                  algunos  murmullos  de  sorpresa  y  protesta,  pero  Palacios
                  pasó de ellos. Pudo ver que Eliana le hacía señas ostensibles

                  para que acudiera a su lado.


                      Avanzó hasta ella haciendo caso omiso a las miradas y a

                  los reproches que recibía a su paso. Ella le cogió de la mano
                  y tirando de él, abrió la puerta que estaba a su espalda. Con

                  gran  sorpresa  de  Diego  Palacios,  los  dos  volvían  a

                  encontrarse paseando por la zona pública del aeropuerto.


                      —¿Cómo sabías que los aseos tenían doble entrada?


                      —Estuve aquí hace dos años en viaje de vacaciones con

                  tres amigas mías —contestó ella sin soltarle de la mano y
                  dirigiendo  claramente  sus  pasos  hacia  un  objetivo

                  desconocido para Diego.


                      —No tenemos equipaje.


                      —Pero en cambio, sí que tenemos todos los pasaportes

                  en nuestro poder —afirmó ella.
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