Page 8 - el perfume del azahar
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—Interesante —admitió Diego Palacios un tanto
pensativo e intentando transpolar esa situación a su país de
origen.
—¿Puedo preguntarle una cosa? —pidió el
excomandante.
—Por descontado.
—¿Qué razón le mueve para querer ir al Parque Nacional
del Corcovado?
Palacios seguía con su lucha interior. Por un lado,
deseaba explicarlo todo a su compañero de viaje, pero por
el otro, la prudencia aconsejaba no hacerlo. Ese hombre
había surgido de la nada y le había secuestrado
virtualmente. Estaba en su vehículo, en un lugar
desconocido y no iba armado.
Rojas interpretó el silencio del policía español de forma
correcta y decidió dar un paso adelante.
—Supongo que no va usted armado. Si mi suposición es
acertada, abra usted la guantera y encontrará una Beretta
M9 y una caja de munición 9x19 Parabellum. Cójalo todo
y guárdeselo. Ya me lo devolverá todo el último día antes
de marcharse.
—Cree usted que …
—Mejor prevenir que curar —respondió Rojas cortando
la reflexión del subinspector Palacios.

