Page 5 - el perfume del azahar
P. 5
Palacios decidió no seguir con su tapadera y optó por no
negar lo que ya era una evidencia.
—¿Cómo lo ha sabido? —preguntó.
—Mi sobrino me informó que la reserva había llegado
por fax al hotel Santo Tomás. El fax llevaba el membrete
oficial de la Policía Nacional Española y él me lo hizo saber
de inmediato. Yo le recomendé que destruyera el fax y que
cursara la reserva a su nombre, registrando que había sido
realizada por teléfono.
—¿Por alguna razón en especial?
—Solo por pura precaución. Cuando tienes una puerta
abierta delante de ti, lo más aconsejable es cerrarla para
evitar sorpresas sin tiempo de reacción —explicó Rojas
mientras conducía por el bucle que le iba a permitir enlazar
con la «Ruta 34» y dirigirse a la costa del océano Pacífico.
—Estoy de acuerdo con usted. La precaución en nuestro
oficio es la madre de la supervivencia.
—Y una cosa más, Diego. Usted es muy joven y creo
que el consejo de un viejo no le vendrá del todo mal. La
próxima vez, cuando elija un oficio de tapadera, intente
escogerlo mejor. Le he tendido una trampa sencilla y usted
ha caído demasiado fácil en ella.
—¿Qué trampa?
—Antes le he pronunciado una frase muy conocida de
Julio Cortázar que pertenece a su maravillosa novela

