Page 4 - el perfume del azahar
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Capítulo 08.
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—¿Usted no quiere cobrar nada por sus servicios? —
preguntó extrañado Diego Palacios.
—No, Diego. Usted ha sido una bendición caída del
cielo para mí. No sabe lo aburrido que es no tener nada qué
hacer. Además, hablando con toda franqueza —dijo Pablo
Rojas en el momento de coger la «Ruta 27»—, y aunque yo
ya esté retirado, no sería muy correcto aprovecharse de los
compañeros de profesión.
—¿Es usted periodista?
—No.
—¿Entonces, usted debe ser escritor?
—Tampoco —respondió José Pablo Rojas.
La cara de Diego Palacios se tornó lívida por un instante.
—Soy policía como usted, Diego. Y ya verá usted como
cuando se ha sido policía, nunca más se deja de serlo,
aunque a uno lo jubilen por edad o por cualquier otra razón
que a alguien se le pueda llegar a ocurrir.

