Page 8 - la leyenda de las calaveras de cristal
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—La noche se presenta interesante —dijo él.
—¿Qué trato preferís que os dispense? —preguntó
ella.
—Eminencia —contestó rápidamente el cardenal.
—¿Es vuestro primer viaje a Rusia, Eminencia?
—Podría decirse que sí —respondió Cesarinni al
tiempo que le extendía una copa llena de champagne.
—¡Por una amistad larga y duradera! —dijo ella
levantando la copa en un brindis lleno de una estudiada
espontaneidad.
—Me conformaría con que fuera corta pero intensa —
corrigió él.
—Si ésta es vuestra primera vez, todavía no habréis
tenido tiempo de disfrutar de la belleza de este país —dijo
ella descorriendo las cortinas y mostrando la misma vista
que había cautivado segundos antes al general Mortensen.
—Estoy empezando a hacerlo —respondió Cesarinni
al comprobar que la luz que penetraba por los ventanales
aumentaba de manera especial la trasparencia del vestido de
Olga, hasta el punto de poder apreciar su velada desnudez
con todo detalle.
Ella fingió sorprenderse de este hecho pero no se
apartó del ventanal. El plan comenzaba a funcionar.

